LA SEXTA PROFECÍA MAYA
Dice que en los próximos años aparecerá un cometa cuya trayectoria pondrá en peligro la existencia misma del hombre. Los Mayas veían a los cometas como agentes de cambio que venían a poner en movimiento el equilibrio existente, para que ciertas estructuras se transformen, permitiendo la evolución de la conciencia colectiva, todas las cosas tiene un lugar que les corresponde, todas las circunstancias, aun las más adversas son perfectas para generar comprensión sobre la vida, para desarrollar la conciencia sobre la creación. Por eso, el hombre se ve enfrentado constantemente a situaciones inesperadas que le genera sufrimiento.
Es un modo de lograr que reflexione sobre su relación con el mundo y con los otros, así, a lo largo de muchas experiencias en muchas vidas comprenderá las leyes universales de la razón de la creación, para los Mayas, Dios es la presencia de la vida, tiene todas las formas y su presencia es infinita. El cometa del que habla la sexta profecía fue también anunciado por muchas religiones y culturas, por ejemplo, en la Biblia, en el libro de las revelaciones, aparece bajo el nombre de Ajenjo.
Si el cometa aparece, es posible que su trayectoria lo lleve a chocar con la tierra, o bien, que por medios físicos o psíquicos logremos desviar su trayectoria.
Desde la formación de la tierra, hace 4500 millones de años, residuos cósmicos llamados asteroides o cometas han bombardeado el planeta continuamente. Los asteroides son rocosos o metálicos mientras que los cometas están formados de polvo o hielo y pedazos de materia. El hielo se evapora al calentarse por el sol y produce una atmósfera transitoria, la cola que se despliega por el cielo y puede verse desde millones de kilómetros. Son los residuos de la formación del sistema solar, partes que no lograron fusionarse en un planeta. La mayoría de los asteroides se encuentran órbitas relativamente estables entre Marte y Júpiter, funcionan como pequeños planetas que giran alrededor del sol, en una zona llamada cinturón de asteroides. Una teoría basada en textos sumerios afirma que son los fragmentos de otro planeta llamado Marduk, que existió en el sistema solar entre Marte y Júpiter y explotó, debido a guerras atómicas de una civilización anterior a la de la tierra. Hay otros dos grupos de residuos cósmicos sobre todo el recorrido orbital de Júpiter, son los llamados asteroide Jovianos, allí se originan la mayoría de los planetoides, al ser alteradas sus órbitas cada vez que Júpiter pasa por allí, su gravedad los lanza al interior del sistema solar y se cruzan peligrosamente con la órbita de la tierra.
Hay un tercer grupo de asteroides que se encuentra en órbita después de Plutón en el cinturón de Kuiper. Finalmente en lo profundo del espacio está la nube de asteroides llamada nube de Oort. Estos residuos tienen enormes órbitas indeterminadas alrededor del sol, que son alteradas al pasar cerca de planetas y estrellas que los envían hacia el interior del sistema solar.
Es sabido que dos lunas de Marte, Phobos y Deimos, son asteroides de 8 y 28 kilómetros de diámetro que fueron capturados por su fuerza de gravedad y puesto a orbitar a su alrededor.
Los cometas siempre han formado parte del sistema solar, miles de residuos atraviesan, cruzan, rozan, van y vuelven periódicamente e incluso chocan con los planetas que se mueven, siempre tranquilos en órbitas regulares, alrededor del sol.
La comunidad científica acepta que hace 65 millones de años en el cretácico-terciario, un cometa calló en Chicxulub, en el océano Atlántico, la península de Yucatán, causando la extinción de los dinosaurios. Su cráter de 180 kilómetros de diámetros contiene altas concentraciones de iridio, un elemento muy raro en la tierra pero común en los asteroides.
Se ha asociado la aparición de los cometas a situaciones difíciles como la que coincidió en el volcán Vesubio que destruyó a Pompeya y Herculano en el año 79 de nuestra era, o con el derrocamiento del Rey Harold, por Guillermo el conquistador en Inglaterra que en el 1066 fue registrado en el tapiz de Bayeux.
Han causado pánico colectivo como el Haley, en 1910, entonces se presumió que su cola era de un gas venenoso, el cianuro, se vendieron millones de píldoras como para protegerse de él. También han sido causantes de suicidios colectivos, como el de 39 miembros del culto Heaven’s Ate en 1997, quienes creyeron que el enorme cometa Hale-Bopp, de cuarenta kilómetros de diámetro venía a terminar con la Tierra. Los cometas siempre han generado controversias, pero tal vez nunca tanta como en 1456 cuando reapareció el cometa Haley y fue considerado un agente del diablo, al cual había que expulsar de los cielos siendo excomulgado por el Papa Calixto III, fue Isaac Newton el que descubrió que la gravedad mantiene a los planetas girando en órbitas definidas alrededor del sol. Edmund Haley, su contemporáneo, utilizó estos cálculos para determinar las órbitas de los cometas anunciando que cada 76 años el cometa Haley regresaría. Por este motivo lleva su nombre. También los cometas han causado desastres regionales como en Siberia, sobre el río Tunguska. Un asteroide de aproximadamente 50 metros de diámetro explotó en el aire en 1908 destruyendo instantáneamente 2000 kilómetros de espeso bosque. Algunos se acercaron bastante a la tierra como el cometa Irac Arakbi Aljó, que en 1983 se acercó a seis millones de kilómetros y pude causar una explosión mayor que si explotaran simultáneamente todas las bombas atómicas existentes. Otros cruzaron la tierra y fueron descubiertos luego de atravesar la órbita, como el caso del asteroide en 1989 FC de 500 metros de diámetro, que pasó a sólo el doble de la distancia entre la tierra y la luna.
El Hyakutake fue descubierto con 3 meses de anticipación a sólo 14 millones de kilómetros de la tierra, su cercanía permitió descubrir en su interior hidro carburos, metanos, acetilenos y etanos que son la base de la vida. Todo esto generó preocupación, por eso se envió la misión espacial Hitto al Haley, para ampliar los conocimientos sobre los cometas, se confirmó que tenía 9 kilómetros de diámetro y estaba formado de hielo y polvo.
En 1994 el cometa Shoamaker-Levy se fraccionó en 22 pedazos que chocaron contra Júpiter, generando el evento más violento que haya existido en el sistema solar en la historia del hombre, con explosiones equivalentes a millones de megatones de TNT.
En septiembre de 1999 el cometa Lee, se acercó a unos 120 millones de kilómetros de la tierra, y en enero del 2000, el cometa Maschultz provocó una nueva amenaza. Esto nos muestra que los cometas siempre han estado en los alrededores del planeta, la alerta de los Mayas, es para que tengamos conciencia de los peligros existentes, y actuemos ahora, en vez de tener que reaccionar después. Hoy conocemos las órbitas de sólo 250 asteroides, de los 2000 que cruzan la órbita de la tierra, y que son capaces de crear devastación a escala global, es decir, ignoramos donde está el 90 por ciento de los asteroides capaces de acabar con nuestra civilización, La atmósfera desintegra los fragmentos de un tamaño de hasta 50 metros, pero los más grandes de ese tamaño, son capaces de alcanzar la baja atmósfera, o la superficie de la tierra, donde explotan con una con una fuerza mayor que la de una bomba atómica. Se estima que hay aproximadamente un millón de residuos cósmicos de entre 50 y 500 metros capaces de acercarse a la tierra y de chocar con ella produciendo la muerte y la destrucción a nivel regional. Unos 6000 residuos entre 500 metros y un kilómetro, andan por los cielos sin que sepamos donde están, son capaces de destruir un país entero. El primer paso para establecer una defensa planetaria, es localizar los cometas o asteroides, ya que no es posible defenderse de algo que no se sabe que existe.
El hombre debe acelerar la búsqueda, aumentar la cantidad de sistemas de detección en todos los sitios del mundo, y encontrar maneras más rápidas y exactas de determinar las órbitas de los objetos localizados. Sólo unas 100 personas en todo el mundo están dedicadas a vigilar el cielo para detectar los objetos capaces de chocar con nuestro planeta. Hay muy pocos lugares dedicados exclusivamente a este propósito, Queñar en Nuevo México, Ned en Hawai, Space Watch, en Arizona. Cada observatorio en la tierra sólo puede dedicarse 100 horas al mes, para detectar los objetos en el cielo debido a las interrupciones de las nubes, y al posición del sol, que con su resplandor, impide la observación. La detección de un asteroide o cometa y la estimación de su órbita requiere un mínimo de 3 observaciones en el tiempo, que permita comparar las imágenes, y generar un arco de recorrido, para determinar si su órbita se cruzaría con la de la tierra.
Otro aspecto que dificulta su detección es la luminosidad del objeto seleccionado, pues entre más lejos se encuentre, y menor sea su tamaño, menos brilla, y más difícil es determinar su ubicación.
Los Mayas nos dejaron un mensaje de alerta para que tomemos conciencia del peligro inminente y movilicemos a la sociedad en un esfuerzo global que trascienda las fronteras de los países. Debe establecerse una base de datos alimentada por todas las naciones, e incrementar sistemas de búsqueda continuas que permitan mantener siempre localizados los cometas encontrados. Cuando un cometa pasa alrededor del sol, parte de su masa se evapora lo que altera y distorsiona su obra de manera impredecible, por eso es de suma importancia tener conocimiento de cualquier fenómeno espacial de esta naturaleza. Es prioritario realizar una serie de misiones espaciales para ampliar nuestros conocimientos científicos y lograr interceptar a los asteroides. A partir de allí podrían destruirse, desviarse, o hasta aprovechar su materia prima, son necesarias más misiones exploratorias como el MIR lugar de reunión de asteroides cercano a la tierra, y Clemen Time 2, de los Estados Unidos o la Hinero, registro visual de objetos cercanos a la tierra de los alemanes, también la del instituto Japonés de las ciencias Espaciales y astronómicas, y la de la agencia espacial europea llamada Rosetti.
Los Mayas siempre estudiaron y registraron los eventos del cielo, su alerta fue prevenir al hombre sobre los peligros de no conocer las órbitas, y períodos de grandes residuos que se cruzan con la trayectoria conocida de la Tierra, ellos sabían que para el hombre moderno, descubrir con anticipación un asteroide tan grande que pudiera producir se extinción, y luego desviarlo, sería uno de los mayores logros de la historia humana, y un hecho crucial, que nos uniría como especie. Antiguamente la esfera celeste era el domino de los dioses la aparición sorpresiva de un objeto desconocido que dominaba la noche era motivo de miedo y misticismo. Por ese motivo, los Mayas construyeron observatorios dedicados a estudiar los fenómenos, querían entender sus impredecibles movimientos en el cielo, especialmente después de que establecieron la posiciones de los planetas, y las estrellas. El peligro inminente nos obligaría a construir un nivel de cooperación internacional, a establecer un sistema de comando y control por encima de los países, y una estructura de comunicación mundial, sería la única manera de que los países declinaran su soberanía a una entidad dando paso a dando paso a un gobierno mundial para el bien común. Sería un cambio para trascender la separación que es la base de nuestra sociedad. Si consideramos a toda la humanidad como una gran conciencia que está comenzando a formarse nada tan oportuno como un peligro externo para consolidar esa unidad. La red mundial de Internet permitió la conexión y comunicación de las células inteligentes individuales, y comenzamos a experimentar el conocimiento totalmente compartido: el saber planetario, además, la aparición en cada vez más seres humanos de un sexto sentido permitiría que evolucionemos a un sistema de comunicación más rápido que la luz, el pensamiento.
La organización rápida de un sistema planetario requiere de la cooperación total de todos los seres humanos es una lección de unidad planetaria diariamente, vemos muchos pequeños meteoritos que se desintegran en la atmósfera, que usualmente entran en ignición, dejando una estela a su paso, son los llamado popularmente estrellas fugaces.
Existe un constante bombardeo de partículas, cientos de miles de toneladas de materias extraterrestre caen como polvo cada año, inclusive se especula que la vida en forma de un hidrocarburo, fue traída a la tierra por un meteorito, estudios realizados en 120 cráteres encontrados en distintos lugares permiten establecer que residuos de 3 a 10 metros se desintegran mensualmente en la atmósfera, cada 10 años se desintegran objetos de 30 metros de diámetro, un evento como el de Ton Hudga sucede una vez por siglo y se puede esperar que un objeto de 100 metros cause estragos cada milenio. La velocidad de entrada de los meteoritos es de 11 a 75 kilómetros por segundo, lo que hace que tengan más energía cinética por kilogramo de peso que los explosivos como el TNT. Esa velocidad de entrada hace que la fricción con la atmósfera derrita el bólido y el aire a su alrededor se cargue eléctricamente convirtiéndose en una bola de fuego. Un asteroide de 10 kilómetros de diámetro que entrara 30 kilómetros por segundo, explotaría con una energía equivalente a 15 billones de veces la explosión atómica de Hiroshima. Si choca contra la tierra movería la corteza y produciría un cráter de 180 kilómetros, generando terremotos de 8 puntos en la escala de Rijter en todo el planeta. La explosión que vaporizaría el cometa produciría una lluvia de fuego ocasionando una destrucción de la capa de ozono que terminaría de alterar el clima. Una gigantesca cantidad de materia y rocas ricas en sulfuros sería enviada a la atmósfera rodeando el globo, y encendiendo el cielo. El movimiento de las capas teptónicas, generaría explosiones volcánicas en cadena y los gases sulfurosos, contribuirían a ocultar el sol por muchos años, oscureciendo y enfriando la tierra. En el caso en que el impacto fuera contra el mar, que cubre el 70 por ciento del planeta, se producirían gigantescas olas
El laboratorio nacional de Zambia, una agencia de la NASA utilizó un súper procesador que ejecuta un trillón de operaciones por segundo, un Teraflop, para realizar un modelo sobre la situación. Los científicos quisieron averiguar que sucedería si un asteroide de un kilómetro de diámetro que pesara un millón de toneladas, chocara a 60 kilómetros por segundo en el mar frente a Nueva York. Se concluyó que el cometa se vaporizaría instantáneamente con 500 kilómetros cúbicos de Océano, y produciría una explosión equivalente a la de 10 veces la cantidad de bombas atómicas existentes, simultáneamente. El agua vaporizada cubriría totalmente al planeta y olas de 60 metros devastarían todas las ciudades en costas del océano Atlántico. Esto generaría un invierno igual que el nuclear estudiado por Carl Sagan, que podría durar cientos de años y ocasionaría seguramente la extinción del hombre.
Nuestra sociedad puede defenderse de estas catástrofes, sólo se requiere cambiar apenas la velocidad del meteoro, para que en vez de encontrarse con el centro de la tierra pasa inofensivamente de largo.
Una de las medidas posibles que se estudiaron, fue la de utilizar velas solares que lo frenarían evitando el encuentro con la tierra, esto sólo, si se lo detecta a tiempo. Se fijan al asteroide grandes superficies de Milar, que se inflan como una bolsa de aire, el viento solar ofrece una suave y contante presión, disminuyendo su velocidad, permitiendo a nuestro planeta pasar antes que el bólido por el sitio de encuentro. La ventaja de este sistema es que es seguro para el medio ambiente relativamente barato, fácil de construir y de poner en órbita, los riesgos son que las velas no se abran o que no tengan el tamaño suficiente para hacer el trabajo. Otra manera sería desviarlo hacia otra dirección con la fuerza generada por una explosión nuclear cerca del asteroide, la desventaja consiste en que la radiación nuclear puede devolverse a nuestra atmósfera y contaminarnos a todos, o la explosión puede fragmentarlo en pedazos sin lograr desviarlo, complicando aun mas el problema.
Esto haría que su órbita cambiara lo suficiente para nunca estrellarse con la tierra. Hay dos opciones para destruir el asteroide o cometa, una es pulverizándolo con un cohete nuclear en fragmentos inofensivos, que sólo nos daría un espectáculo de luces al entrar en la atmósfera la tecnología para lograrlo ya existe, sólo se necesita reprogramar el objetivo y puede usarse en el último instante, pero se corre el peligro de la radiación nuclear, y las bombas pueden no ser lo suficientemente grandes para destruir el objeto. La otra opción para destruirlo es utilizar un espejo parabólico, del tamaño de un estadio de fútbol, para dirigir la luz concentrada del sol hacia el cometa, el calor sería muy destructivo y lograría vaporizar el cometa, el peligro es que al apuntarle, no le de el rayo, o que este vaya a dar a un sitio habitado de la tierra. Todas las anteriores son formas tradicionales y físicas para desviar o destruir un cometa, pero también hay que contemplar las formas psíquicas.
En estos momentos, se realizan gigantescas cadenas humanas de meditación que agrupan a millones de seres alrededor del mundo a una hora determinada
Guiados en directo a través de Internet, por un maestro se ha comprobado que la energía que se mueve de esta manera ha sido capaz de generar cambios físicos, alteración de elementos en el tiempo, Sanación a distancia y activación de vórtices energéticos y sitios de poder alrededor del mundo. Imaginemos el poder que tendría una cadena universal con todos los seres humanos concentrados al mismo tiempo en un objetivo común, tal vez, ese sea el objetivo de la aparición de un cometa, hacer que todos los seres humanos se den cuenta de lo que se puede hacer actuando en unidad.

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Los quiero mucho...


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